Ella y él
Él ahí sentado
con la inocencia
brotando desde el brillo
de sus negros ojos,
la mira, acaricia su mejilla,
las manos se entrelazan,
lentamente, se buscan.
Se acerca con cautela,
sus manos sudan,
su cuerpo tiembla.
Ella entre tanto
aparece con la sutileza
de las estrellas.
Entoces, el alma
no conoce lo físico
sólo en lo etéreo
sabe que lo encuentra.
Entre sus brazos
lo arrulla, lo mima.
Él a pesar de su edad
esconde en el cuerpo
un alma que grita,
exclama ¡magia!
magia que muy pocos entienden,
magia que nos hace comer el mundo,
que nos hace sentir dolor,
que nos recuerda qué es estar vivos
Al encuentro de estas almas
el espacio se llena
de bondad de corazón.
Él sólo sabe que la tiene
sólo sabe que la espera.
Cada encuentro es un...
te amo,
cada encuentro es...
un adiós,
porque a pesar
de su gran amor
sólo hay un certero adiós.
Él ahí sentado
con la inocencia
brotando desde el brillo
de sus negros ojos,
la mira, acaricia su mejilla,
las manos se entrelazan,
lentamente, se buscan.
Se acerca con cautela,
sus manos sudan,
su cuerpo tiembla.
Ella entre tanto
aparece con la sutileza
de las estrellas.
Entoces, el alma
no conoce lo físico
sólo en lo etéreo
sabe que lo encuentra.
Entre sus brazos
lo arrulla, lo mima.
Él a pesar de su edad
esconde en el cuerpo
un alma que grita,
exclama ¡magia!
magia que muy pocos entienden,
magia que nos hace comer el mundo,
que nos hace sentir dolor,
que nos recuerda qué es estar vivos
Al encuentro de estas almas
el espacio se llena
de bondad de corazón.
Él sólo sabe que la tiene
sólo sabe que la espera.
Cada encuentro es un...
te amo,
cada encuentro es...
un adiós,
porque a pesar
de su gran amor
sólo hay un certero adiós.
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